El baho de doña Célica
Son las once de la
mañana y en medio del calor abrazante que invade el galerón del área de
comidas, doña Célica Monje, con su delantal de encajes color blanco, y una
pañoleta negra que ciñe su pelo, pacientemente con su cucharón da vuelta al
perol de baho.
Hace ya más de cuatro
décadas que incursionó por primera vez en el mercado, elaborando y
comercializando este plato típico de los nicaragüenses como único medio para
llevar el sustento a la familia.
El comercio en el
antiguo mercado de Jinotepe, apenas incipiente, no pasaba más allá de un par de
cuadras de extensión, fue ahí donde decididamente, un día de la Virgen del
Socorro, en el mes de junio – según
recuerda – estableció “La embajadita” como curiosamente ha llamado a su tramo.
Como todo negocio el
comienzo fue difícil, pero con el paso del tiempo y la experiencia adquirida la
cosa cambia: “Cuando uno comienza el trabajo se siente pesado, pero con el paso
del tiempo, ¡hasta platicamos con el perol y cuando vemos ya está armado el baho!”
dice sonriente.
Pese al acomodamiento
que llevó el traslado del mercado a su nueva instalación, doña Célica asegura
que ha mantenido su clientela. En ocasiones recibe encargos de hasta 150
platillos de baho para eventos. “Todo esto ha sido por voluntad de mi padre y
la fuerza que me ha dado y también a mis clientes que han valorado mi trabajo”
advierte.
Su secreto más grande ha
sido elaborar el baho con amor. Así el
cliente te sigue, pues valora y se enamora del servicio, es por esto que
aconseja, que en asuntos de negocios, “en vez de bajar, es mejor subir la
calidad”.
Los colores festivos
son propios de La Embajadita, “me encanta que la gente mire los colores
llamativos, usted va a ver la diferencia hasta en la mesa” dice, tras señalar el
chilero bien decorado que al centro del mantel floreado hace que, con solo
mirar, tu paladar se estimule.

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