La transformación del niño Jesús


En el pesebre el niño parece agitar con regocijo sus pies y manos, ante la contemplación de María y José. Doña Marina Zúniga González lo ha colocado para que miremos su obra con las piezas completas: María, José, el niño, la mula, el buey y todos aquellos elementos que entorno al establo, representan el nacimiento de Jesús en Belén.

Tiene más de cinco décadas de instalar su nacimiento, un trabajo que demanda horas de trabajo, pero ahí va, por ratos, colocando piezas en donde se miren mejor. Antes no habían tantas luces, era más sencillo dice doña Marina, que suelta una carcajada al  indicarnos que lo que le gusta, es que le digan que su nacimiento está lindo.

Pero en este pesebre la historia más interesante es la de la imagen del niño. Una amiga de doña Marina le regaló, hace cuarenta años, un niño Jesús de Praga y ella, carente de un niño para su pesebre, pidió a su hermano Santiago Zúniga que lo transformara.

Éste, siendo uno de los escultores más reconocidos, y también uno de los pocos a los que se ha confiado la imagen del patrón Santiago, que fue traída de España, se dispuso a cumplir con la petición de su hermana. Desde entonces, el que fue un niño Jesús de pie, retoza complaciente a los pies de María y José en el pesebre que instala doña Marina.   

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