Fredly Ramírez: Mi sueño es ser campeona


A sus 25 años es una de las seis integrantes de la selección nacional de boxeo, se define como una mujer fuerte que ha luchado contra cualquier adversidad, pero a la vez muy sensible, de manera que cuando se enoja prefiere llorar en vez de lastimar a alguien. ¿Su mejor combinación?: Recta de izquierda, con cruzado de derecha y upper de izquierda.



Sus primeros intercambios de golpes no fueron precisamente sobre un cuadrilátero, sino sobre el asfaltado de las populosas calles del barrio El Cementerio, en su ciudad natal Jinotepe, en donde su papá, Freddy Fernando Ramírez García, organizaba peleas “a mano pelada” entre los chavalos a quienes inquietaba el deporte del boxeo.
“De ahí me empezó a gustar el boxeo” asegura sonriente Fredly Gabriela Ramírez Gutiérrez, una joven humilde, muy sincera al hablar, que hoy ha logrado escalar peldaños hasta alcanzar un puesto en la selección nacional de boxeo. Una de seis mujeres que integran este equipo.
Para entonces Fredly tendría 11 años de edad, era la única chavala del grupo integrado mayormente por sus hermanos, así es que había que entrenar duro e intercambiar con ellos.
Así fue el inicio de su carrera deportiva, entrenando en patios vecinales y calles hasta colarse en las bodegas del estadio Pedro Selva.  “Cuando mi papá consiguió los primeros “guantecitos”, entonces nos llevó al estadio en donde entrenábamos en una bodega” recuerda.

De vendedora a ayudante de albañil

“El boxeo es un deporte bastante bonito para nosotras las mujeres, no solamente por lo de entrenar, sino por saber también que vas a tener una competencia y te vas a dar a conocer” dice Fredly.
Reconoce que pesa sobre ella, al igual que en el caso de otras peleadoras, el tema de la estigmatización social, por ser mujer y practicar un deporte en donde sobresale el género masculino. 
“Siempre hay críticas. Lo más difícil es porque soy mamá, me dicen que este deporte no es para mí, que tengo que dedicarme a otra cosa”. Sin embargo, ella se define como una mujer fuerte, capaz de superar las críticas malintencionadas y que lucha con coraje ante las adversidades.
Haciendo un recuento de lo que ha tenido que hacer para sobrevivir junto a su familia refiere que ha sido vendedora de pan, vendió cajetas puerta a puerta por las calles de Jinotepe, ha trabajado como doméstica y la anécdota más admirable de su empeño por sobrevivir, es que en algún momento también fue ayudante de albañilería.
“En una de tantas angustias que pasamos la familia le salió un trabajo a mi papá, pero no tenía ayudante, yo le dije que le iba a ayudar y pues… me llevó y la verdad de las cosas es que me gustó” dice sonriendo. De este oficio ha aprendido mucho dado el apego que tiene con su padre, de manera que si sale algún rumbo y él no tiene ayudante, pues se faja encantada. 
Estudió la carrera de técnico en laboratorio, sacó cursos de estilismo y, debido a lo que algunos calificarían como ironías de la vida, que le ha deparado los más improbables retos, hoy se desempeña como guarda de seguridad en la comuna de su municipio. 
“La verdad, me gusta bastante el trabajo de hombre” dice, mientras se encoje de hombros como tratando de justificar.



Salto a la selección nacional
La apertura de la copa Alexis Arguello fue un segundo momento de importancia en la vida boxística de esta peleadora, pues esto le permitió  en el año 2015 incursionar de manera oficial en el boxeo y lo hizo en los 64 kilogramos. Esto le permitió también conocer a Walter Palacios y empezó a entrenar con él.
“Él fue el quien me llevó a la selección nacional” reconoce.
Como púgil tiene en su haber una medalla centroamericana que ganó en Guatemala en el año 2017, es una de las seis mujeres que integran la selección nacional y sueña con ser campeona, su próximo reto los juegos panamericanos de Lima 2019 en donde peleará en los 75 kilogramos.
El reto no es fácil. En julio viajará a Perú, pero antes debe reconcentrarse en Cuba para prepararse mejor. Aquí volverán las intensas jornadas que cotidianamente inician a las cuatro de la mañana, pero hay que asumir la tarea sin perder de vista el sueño de ser campeona.
Lo más difícil es separarse del pequeño Steven Alexander Narváez Ramírez, su hijo de siete años de edad que siempre la acompaña, pues aquí en su país así se le ha permitido.
“Usted es mi campeona, va a ganar… dele un gancho y un cruzado” le recomienda el pequeño cada vez que ella sube al ring.



La más dura experiencia
En los clasificatorios de boxeo de los juegos panamericanos, recientemente celebrados en Managua, Fredly sufrió una derrota, misma que reconoce como el momento más duro que le ha tocado vivir sobre el cuadrilátero. Pese a esto ha clasificado.
“Me sentí mal, se me salieron las lágrimas. Sé que di lo mejor, hice lo que pude… di todo lo que se podía dar en ese momento, ahora debo seguir adelante” explica un poco frustrada aún. 
Perdió por nocaut y no está contenta con la decisión pero “así la dio el réferi. No me botó, no me sentí mareada, para nada, simplemente el referí paró la pelea” asegura.
Por ahora se siente preparada, sabe que tiene que dar lo mejor en los entrenamientos, más tomando en consideración que volverá a topar con la misma contendiente que la derrotó en los clasificatorios.
“Tengo que volver a topar con ella y va a ser diferente, no va encontrar a la misma que encontró en la pelea pasada” sostiene.  

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