Jinotepe pierde a un gran tradicionalista
Lo encontré como siempre, sentado en un
taburete al pie de su tramo, en el mercado viejo de Jinotepe, con una guayabera
blanca, impecable, y el sombrero estilizado que le caracterizaba.
Estoy seguro que de niños, la mayoría de
nosotros – al menos los de mi generación – llegamos a comprale manila y trompo
para jugar. (Los de guayacán eran los mejores, más resistentes cuando de
“sacarle mancha” se trataba).
Tiradoras, chibolas, boleros, balines,
balineras, cartas, chalupas y cualquier suerte de travesura encontrábamos en el
tramo de El Chulito los chavalos. Un tramo muy extravagante para estar ubicado en
el pasillo de las verduleras.
Desdeñando un poco sobre mi propósito,
accedió a darme la entrevista. “El chinegro de Jinotepe, es un chinegro muy
decente”, me dijo, en tono regañón. Y es que hablarle de los chinegros y de la
Virgen de Guadalupe a Don Ramón Calixto Cortez Boza, era hablarle de más de más
de cinco décadas de entrega a esa tradición.
A diferencia del chinegro de Santo
Domingo y del de Masaya, que adoptan una actitud hostil con la feligresía en
las fiestas, el de la Virgen de Guadalupe, en Jinotepe, es un chinegro muy
respetuoso, me explicó.
“Aquí usted se acerca
a un chinegro y no lo mancha, pues yo voy con una tajona. Y si lo hace, lo corro inmediatamente”.
El Chulito, como se le
conocía popularmente en su pueblo, heredó de su tío, Don Tiburcio Cortez, el
amor por el baile de los chinegros, que acompañan a la Virgen de Guadalupe
durante sus fiestas en el mes de diciembre. Él le enseñó todo lo referente al
baile, que para entonces, estaba integrado de un centenar de promesantes.
“Cuando vinieron los
Clareteanos, suspendieron la tradición por un año, entonces nosotros nos
robamos a la virgen, estando en aquellos días de presidente Luis Somoza”.
La guardia quiso
detener la procesión, sin embargo, una devota llevó la queja hasta donde Luis
Pallais, quien intervino a favor de la gente que acompañaba la procesión.
Cada once de diciembre – tal y como se
acostumbraba en Jinotepe, antes de que, por sugerencia del padre Rafael O’ Farrel Bermúdez, se cambiara la celebración para el doce
de diciembre – Don Ramón Calixto
preparaba a sus chinegros. No solo era cosa de ordenarlos, sino que había que pintarlos,
ayudarles con el atuendo, preparar la chicha de jengibre y la cajeta para repartir
a los promesantes.
Ya no pudo instalarse en el nuevo
mercado, tal y como lo habría deseado, por afectaciones de salud, tampoco pudo
acompañar a sus chinegros, en los últimos años, sin embargo por el tesón de su trabajo
en el mercado municipal y la entrega que tuvo con la Guadalupe y sus chinegros,
siempre será recordado como uno de los tradicionalistas más destacados de
Jinotepe. Que en paz descanse Don Ramón Calixto Cortez. Condolencias a la
familia.
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